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Veterinaria Salburua urgencias veterinarias

Urgencias veterinarias: Buenas noches Vitoria

¡Qué nervios las primeras veces que dices eso! Estás en tu casa, durmiendo en la cama, o en una comida familiar, o simplemente viendo la tele y: “piruri piruri piruri” suena esa cancioncilla graciosa que le has puesto al móvil de urgencias para que al sonar te alegre la vida…y a la que en breve la vas a tomar un poquitito de manía. Y es que sobre todo los primeros meses son muchas las preguntas que se agolpan en tu mente: ¿Podré ayudar yo sola al paciente? ¿Llegaré a tiempo? ¿Y si es una torsión de estómago (es una de las urgencias que necesita más personal y actuar rápido? ¿Se enfadará mi familia si me levanto de la mesa y me voy? Inspiras profundo y descuelgas.

Después escuchas la voz de alguien conocido al otro lado: “Hola Marisol, soy la dueña de Sombra” Entonces  te acuerdas de cómo sombra ronroneaba en la consulta mientras intentabas auscultarla, y ya como que te relajas. ¿Qué le pasará a Sombra? Pobre, no quiero que le pase nada malo a esa bola de pelo tan simpática. “Buenas noches, dime, qué le pasa a Sombrita?” “Verás, hoy no ha querido comer en todo el día, y me acabo de encontrar un vómito en la alfombra del baño”

Así que ya se te pasan los nervios, el miedo y todo, ahora sólo quieres ayudar a Sombra y a su dueña, y por el camino a la clínica vas repasando los diagnósticos posibles para una gata de 3 años que no come y vomita, las pruebas que te ayudarían a encontrar la respuesta correcta, dónde está cada uno de los fármacos que vas a necesitar..

La verdad es que la mayoría de los dueños entienden que si atiendes a su mascota en un horario en que la clínica veterinaria está cerrada eso es una urgencia y están dispuestos a pagar más dinero para no tener que esperar hasta el día siguiente o hasta el lunes, porque no quieren ver a su animal pasarlo mal sin hacer nada al respecto. Pero realmente, la cosas que ocurren en “horario de urgencias” no siempre coinciden con urgencias médicas veterinarias. Una urgencia es un proceso que si no lo tratamos en pocos minutos u horas tiene muchas posibilidades de empeorar rápidamente. ¿Sabes qué síntomas pueden indicar que has de acudir rápido al veterinario? Vómitos repetidos en el tiempo, respiración agitada, color pálido o amoratado de la lengua y las encías, un ojo cerrado, un gato que va muchas veces a la bandeja porque no puede orinar,si tu animal está aturdido o frío, una hembra de parto que lleva más de dos horas sin expulsar un cachorro… y hay cosas que no son preocupantes en un perro adulto pero si en un cachorro, como por ejemplo un pequeño que no come o tiene diarrea. Y no digamos ya en un conejo, casi todo es una urgencia en un conejo: heces pequeñas, no querer caminar, diarrea, mocos, unas horas sin comer…así son los conejos y los cobayas.

Por todo ésto, porque sabemos que en una de esas situaciones urgente os gusta tener cerca a vuestra veterinaria, nosotras tenemos un servicio de urgencias  telefónicas (tenemos un móvil siempre con nosotras). Si tienes una urgencia de Lunes a Viernes de 9 a 21 horas o el sábado de 9 a 18 horas puedes llamar al 945009009, pero si Veterinaria Salburua está cerrado, en el contestador saldrá el teléfono de urgencias 685756752 y Nagore, Amaia o Marisol te dirá: “Veterinaria de urgencias, buenas noches”

Equipo de Veterinarias de Veterinaria Salburua

Equipo de Veterinarias de Veterinaria Salburua

 

 

 


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Veterinaria Salburua perro vomitos diarrea pancreatitis Bizi

Un perro que vomita puede tener pancreatitis

Me acuerdo perfectamente del lunes en que fui a saludar a mi perra Bizi por la mañana y me encontré un montón de vómitos y diarreas por todos los lados. En vez de venir trotando como cada mañana a saludarme moviendo el rabo, tuve que buscarla, y me la encontré en un rincón, quieta, hecha un ovillo… me miró con esa carita y a mí me dio un vuelco el corazón. Algo muy malo tenía que ocurrir para que ni siquiera me moviera el rabo. Enseguida se me pasaron varias causas posibles: habría comido un trozo de plástico o alguna basura (a pesar de que yo la había paseado atada y estando muy atenta para que no comiera nada del suelo), tendría un virus intestinal, una gastroenteritis, pancreatitis, un tumor…Sólo sabía que tanto vómito y diarrea significaba que necesitaba atención veterinaria urgente y yo en casa no podía ayudarla.

La llevé en brazos hasta el coche, en el camino hasta la clínica veterinaria cada vez que pasábamos por un badén se estremecía y cuando llegamos y aparqué, otra vez la cogí en brazos porque no tenía fuerzas ni para caminar. Mientras atravesaba el jardín y la acera notaba su respiración entrecortada y me entraban ganas de llorar.

Mi perra de 17 años estaba muy enferma, tenía vómitos, diarrea, estaba fría y triste, y mi cara debía reflejar toda mi preocupación porque en cuanto entré en la sala de espera mis compañeras corrieron a acondicionar una jaula para que Bizi estuviera cómoda y a preparar una vía y la bomba de infusión para ponerle suero intravenoso.

¿Cómo podemos ayudar a un perro con vómitos y diarrea? Os preguntareis…

Cuando un perro vomita una y otra vez se deshidrata, le baja la glucosa, hay menos líquido dentro de sus venas, le cuesta mantener la temperatura y se queda frío (muchas veces la temperatura baja por debajo de 36 grados, y lo normal para un perro sano son 37,5-39 grados)  Por lo tanto hay que rehidratarle, y para eso ponemos una vía dentro de una vena, la fijamos con venda y esparadrapo, y conectamos el suero a una bomba de infusión(es una máquina que hace que el suero entre justo a la velocidad que necesita el perro según su peso)

Vomitar duele, y cualquiera de las causas de tanto vómito que se me ocurrieran también duelen (un cuerpo extraño que se hubiera comido, gastroenteritis, pancreatitis…). Los perros son muy duros, la mayoría no expresan el dolor gritando. Pero Bizi tenía que tener mucho dolor porque no me había movido el rabo al verme, no quería caminar y su cara estaba muy muy triste. Así que tenía que ponerle analgésicos realmente potentes, familiares de la morfina, y un antiinflamatorio. Sí, eso le haría sentirse mejor, calentita, con suero y sin dolor. Además le pondría fármacos por la vena para que actuaran rápido, un antivomitivo y protectores gástricos para que no vomitara más. Y así me daría tiempo para hacer pruebas y averiguar cuál era la causa de los vómitos y la diarrea.

Le sacamos sangre para analizar y ver si tenía anemia, además era importante saber si los riñones y el hígado estaban funcionando bien. Yo la había desparasitado cada tres meses con una pastilla, pero ¿Y si había bebido de un charco y se había contagiado de Giardias o coccidios? Analizamos las heces también pero no vimos que la causa estuviera allí. Con mucho cuidado porque le dolía al moverse, le hicimos una radiografía. Hacía 6 meses un domingo no quería pasear y la causa fué una dilatación de estómago, pero en esta ocasión el estómago tenía su tamaño normal. Sólo encontramos los glóbulos blancos altos, eso indicaba una inflamación o infección en algún lugar del abdomen ¿Dentro del intestino? ¿En el estómago? ¿El hígado? ¿Sería una pancreatitis? ¿Tendría una piedra en un uréter y estaba teniendo un cólico?

¿Tendríamos que operar? ¿O se podría bien con la medicación? ¿Necesitaba algún fármaco más? Para tener todas esas respuestas faltaba todavía una prueba más, una ecografía nos ayudaría y yo quería que la realizara alguien de confianza y con experiencia.

Llamamos a Ana Solas y salimos de dudas: el páncreas de mi perra estaba inflamado, mucho, y la grasa de alrededor aparecía más blanca en contraste con el páncreas. La ecografía no dejaba dudas, Bizi tenía una pancreatitis. Por lo menos se libraba de ir al quirófano…sólo quedaba esperar a que ese páncreas de 17 años tuviera capacidad de regenerarse y desinflamarse.

El tratamiento no cambiaba mucho: suero, analgésicos, protectores gástricos… y antibiótico para mantener controladas a las bacterias del intestino.

Atrás quedaron los tiempos en que los perros con pancreatitis eran sometidos a ayunos prolongados, cuando en realidad en esta situación Bizi necesita comer, aunque sean pequeñas cantidades de una dieta baja en grasa para reponerse. Así que cada 3-4 horas le ofrecímos las latas más ricas de la clínica. ¡Qué mal se pasa cuando tu perro no quiere comer! Pero si ella siempre había sido muy tragona… Así que estuvimos más de un día ofreciendo comida, calentita, con la mano, sentadas en el suelo con ella… hasta que quiso empezar a chupar un poco de lata. Cuando comprobamos que le sentaba bien y que no la vomitaba empezamos a pensar: ¡va a superar esta crisis, lo va a hacer!, y así fue.  Cada día mejoró un poquito más, el jueves por la tarde ya ladraba, y el viernes volvió a casa.

Os dejo una foto de mi perra, a las 24 horas del ingreso, con Maite (nuestra veterinaria en prácticas de  Verano) Como resumen os diré que las causas para que un perro vomite, tenga diarrea, esté triste y no quiera comer son muchas. La pancreatitis es una de las causas de vómitos en el perro, que se puede superar con suero, analgésicos y alimentación baja en grasa siempre administrada en pequeñas cantidades y de forma frecuente. Si te os veis en una situación  parecida a ésta lo mejor es que visitéis inmediatamente a vuestro veterinario de confianza para descartar cualquier complicación. Pero además yo estoy convencida de que Bizi salió adelante porque Gabi, Nagore, Goiatz, Amaia, Oiane y Maite la cuidaron con mucho mucho cariño.

Y el próximo día os contaré otra historia de otro de mis niños.