Leslie y Belén, un equipo inmejorable

Leslie y Belén, un equipo inmejorable

Leslie es una de nuestras pacientes más memorables. La conocemos desde que era pequeña, una bolita de algodón blanca. Belén siempre la ha cuidado inmejorablemente, peinado, alimentado con pienso Premium y seguido todas nuestras indicaciones al pie de la letra.

Leslie 1

A pesar de eso a lo largo de estos 10 años ha tenido diferentes procesos en  los que hemos tenido que ayudar para que Leslie se recuperase.

Tuvo hongos, y con ese pelazo no veáis lo que fue… meses y meses de limpiar con aspirador y vapor de agua caliente para destruir esporas (la mítica vaporeto aquí fue fundamental)

El pelo no sólo nos jugó esa mala pasada, sino que cuando intentamos darle una dieta geriátrica al llegar a los 8 años, cosa que recomendamos a todos los gatos, tuvo varios episodios de estreñimiento muy fuertes.  Leslie al ser una gata persa necesita mucha fibra en la dieta para poder defecar con frecuencia. No os podéis imaginar la de cacas y cacas que hemos explorado de Leslie, la de fotos que nos ha enviado Belén. Jajaja cualquiera que vea esos mails pensará: ¿Tanto jaleo porque una gata haya defecado? Y es que las conversaciones eran en plan: “Leslie hoy ha defecado 7 bolitas, te mando fotos” y yo contestaba” Qué bien! Que cacas más chulas!” Si alguno de vosotros tenéis un gato estreñido seguro que lo entendéis, para el resto… ni lo intentéis, seguro que os parece raro raro.

Me acuerdo perfectamente del lunes día que Belén vino muy preocupada porque Leslie no comía y en la exploración vi que tenía las encías de color amarillento. Oh! Algo muy grave pasaba. La hospitalizamos con suero y al hacer análisis nuestras sospechas se confirmaron. El hígado de Leslie estaba enfermo, muy enfermo. Era cuestión  de día que comenzara a comer y que el hígado respondiera a la medicación intravenosa… la situación era muy grave. Ya en esa ocasión hace casi 3 años Belén demostró todo lo que estaba dispuesta a hacer por su gata.  Un horario estricto de comidas y medicaciones fueron necesarios para que se recuperase, y lo consiguió. ¡No nos lo podríamos creer! ¡Qué alegría…!!

Y es que Leslie es una luchadora. Pero a pesar de ello la edad le va pasando factura. Unos quistes renales (muy frecuentes en gatos persas) le fueron diagnosticados en una ecografía. Así que tuvimos que volver a cambiar la dieta para ayudar a que sus riñones siguieran funcionando bien. También añadimos benaceprilo para ayudar a los riñones y comenzamos a analizar la orina de forma frecuente. A raíz de cambiar la dieta comenzó a crear piedritas en la orina. Hizo falta otro cambio de dieta para disolver los cálculos…y un montón de ecografías para asegurarnos de que mientras tanto los riñones, el hígado y el páncreas fueran aguantando.

Leslie vomitaba de vez en cuando, tenía eructos pero se mantenía bien de peso y el estreñimiento lo íbamos controlando, pero hace un mes tuvo otra crisis… no quería comer, varios vómitos en pocos días… y esta vez sí, en la ecografía claramente el páncreas estaba afectado. Así que tuvimos que ingresarla con suero de nuevo. Belén lo pasó fatal esos días, porque adora a Leslie y aunque siempre hace lo mejor para ella estar sin su gata en casa no era fácil. Seguro que muchos de vosotros lo entendéis.

Leslie 2

Si queréis saber más sobre el tratamiento que administramos en pancreatitis podéis leer el post de nuestro blog “Un perro que vomita puede tener pancreatitis” (http://veterinariasalburua.com/un-perro-que-vomita-puede-tener-una-pancreatitis/)

Las últimas semanas han sido largas, suero, medicaciones, comida en forma de papilla. Horarios escritos de alimentación, hasta le hemos cortado el pelo para que no se nos estriña. . Pero Belén lo está haciendo todo tan bien y Leslie es tan luchadora que comenzamos a ver la luz.  Espero que en breve os pueda confirmar que Leslie ya está bien.

Leslie 3


Un perro que vomita puede tener pancreatitis

Me acuerdo perfectamente del lunes en que fui a saludar a mi perra Bizi por la mañana y me encontré un montón de vómitos y diarreas por todos los lados. En vez de venir trotando como cada mañana a saludarme moviendo el rabo, tuve que buscarla, y me la encontré en un rincón, quieta, hecha un ovillo… me miró con esa carita y a mí me dio un vuelco el corazón. Algo muy malo tenía que ocurrir para que ni siquiera me moviera el rabo. Enseguida se me pasaron varias causas posibles: habría comido un trozo de plástico o alguna basura (a pesar de que yo la había paseado atada y estando muy atenta para que no comiera nada del suelo), tendría un virus intestinal, una gastroenteritis, pancreatitis, un tumor…Sólo sabía que tanto vómito y diarrea significaba que necesitaba atención veterinaria urgente y yo en casa no podía ayudarla.

La llevé en brazos hasta el coche, en el camino hasta la clínica veterinaria cada vez que pasábamos por un badén se estremecía y cuando llegamos y aparqué, otra vez la cogí en brazos porque no tenía fuerzas ni para caminar. Mientras atravesaba el jardín y la acera notaba su respiración entrecortada y me entraban ganas de llorar.

Mi perra de 17 años estaba muy enferma, tenía vómitos, diarrea, estaba fría y triste, y mi cara debía reflejar toda mi preocupación porque en cuanto entré en la sala de espera mis compañeras corrieron a acondicionar una jaula para que Bizi estuviera cómoda y a preparar una vía y la bomba de infusión para ponerle suero intravenoso.

¿Cómo podemos ayudar a un perro con vómitos y diarrea? Os preguntareis…

Cuando un perro vomita una y otra vez se deshidrata, le baja la glucosa, hay menos líquido dentro de sus venas, le cuesta mantener la temperatura y se queda frío (muchas veces la temperatura baja por debajo de 36 grados, y lo normal para un perro sano son 37,5-39 grados)  Por lo tanto hay que rehidratarle, y para eso ponemos una vía dentro de una vena, la fijamos con venda y esparadrapo, y conectamos el suero a una bomba de infusión(es una máquina que hace que el suero entre justo a la velocidad que necesita el perro según su peso)

Vomitar duele, y cualquiera de las causas de tanto vómito que se me ocurrieran también duelen (un cuerpo extraño que se hubiera comido, gastroenteritis, pancreatitis…). Los perros son muy duros, la mayoría no expresan el dolor gritando. Pero Bizi tenía que tener mucho dolor porque no me había movido el rabo al verme, no quería caminar y su cara estaba muy muy triste. Así que tenía que ponerle analgésicos realmente potentes, familiares de la morfina, y un antiinflamatorio. Sí, eso le haría sentirse mejor, calentita, con suero y sin dolor. Además le pondría fármacos por la vena para que actuaran rápido, un antivomitivo y protectores gástricos para que no vomitara más. Y así me daría tiempo para hacer pruebas y averiguar cuál era la causa de los vómitos y la diarrea.

Le sacamos sangre para analizar y ver si tenía anemia, además era importante saber si los riñones y el hígado estaban funcionando bien. Yo la había desparasitado cada tres meses con una pastilla, pero ¿Y si había bebido de un charco y se había contagiado de Giardias o coccidios? Analizamos las heces también pero no vimos que la causa estuviera allí. Con mucho cuidado porque le dolía al moverse, le hicimos una radiografía. Hacía 6 meses un domingo no quería pasear y la causa fué una dilatación de estómago, pero en esta ocasión el estómago tenía su tamaño normal. Sólo encontramos los glóbulos blancos altos, eso indicaba una inflamación o infección en algún lugar del abdomen ¿Dentro del intestino? ¿En el estómago? ¿El hígado? ¿Sería una pancreatitis? ¿Tendría una piedra en un uréter y estaba teniendo un cólico?

¿Tendríamos que operar? ¿O se podría bien con la medicación? ¿Necesitaba algún fármaco más? Para tener todas esas respuestas faltaba todavía una prueba más, una ecografía nos ayudaría y yo quería que la realizara alguien de confianza y con experiencia.

Llamamos a Ana Solas y salimos de dudas: el páncreas de mi perra estaba inflamado, mucho, y la grasa de alrededor aparecía más blanca en contraste con el páncreas. La ecografía no dejaba dudas, Bizi tenía una pancreatitis. Por lo menos se libraba de ir al quirófano…sólo quedaba esperar a que ese páncreas de 17 años tuviera capacidad de regenerarse y desinflamarse.

El tratamiento no cambiaba mucho: suero, analgésicos, protectores gástricos… y antibiótico para mantener controladas a las bacterias del intestino.

Atrás quedaron los tiempos en que los perros con pancreatitis eran sometidos a ayunos prolongados, cuando en realidad en esta situación Bizi necesita comer, aunque sean pequeñas cantidades de una dieta baja en grasa para reponerse. Así que cada 3-4 horas le ofrecímos las latas más ricas de la clínica. ¡Qué mal se pasa cuando tu perro no quiere comer! Pero si ella siempre había sido muy tragona… Así que estuvimos más de un día ofreciendo comida, calentita, con la mano, sentadas en el suelo con ella… hasta que quiso empezar a chupar un poco de lata. Cuando comprobamos que le sentaba bien y que no la vomitaba empezamos a pensar: ¡va a superar esta crisis, lo va a hacer!, y así fue.  Cada día mejoró un poquito más, el jueves por la tarde ya ladraba, y el viernes volvió a casa.

Os dejo una foto de mi perra, a las 24 horas del ingreso, con Maite (nuestra veterinaria en prácticas de  Verano) Como resumen os diré que las causas para que un perro vomite, tenga diarrea, esté triste y no quiera comer son muchas. La pancreatitis es una de las causas de vómitos en el perro, que se puede superar con suero, analgésicos y alimentación baja en grasa siempre administrada en pequeñas cantidades y de forma frecuente. Si te os veis en una situación  parecida a ésta lo mejor es que visitéis inmediatamente a vuestro veterinario de confianza para descartar cualquier complicación. Pero además yo estoy convencida de que Bizi salió adelante porque Gabi, Nagore, Goiatz, Amaia, Oiane y Maite la cuidaron con mucho mucho cariño.

Y el próximo día os contaré otra historia de otro de mis niños.