Cuando Argi se comió una momia

Cuando Argi se comió una momia

Todo comenzó en semana Santa de este año 2016. Argi es un perro muy activo y como a algunos les pasa cunado corren y saltan se cortó en una pata. Un corte que no debía dar demasiadas complicaciones, un poco de medicación, unas curas.. y en 15 días como nuevo.

Los dueños se encargaron de realizar las curas tal como el veterinario les había indicado, pero se dieron cuenta de que Argi mordía los vendajes, así que vinieron a Veterinaria Salburua para ponerle un collar isabelino (así es como se llaman las campanas de plástico que se usan para que no se laman una herida, muerdan una venda o rasquen un ojo)

Pasados unos días Argi estaba triste, y menos mal que sus dueños no esperaron y enseguida nos lo trajeron. Efectivamente algo pasaba, el estómago de Argi estaba lleno y vomitaba. Los análisis mostraban infección y deshidratación, pero a pesar de el suero intravenoso y los fármacos Argi no se encontraba bien. ¿Qué más podíamos hacer para ayudarle? Necesitábamos pistas…

Veterinaria Salburua obstruccion intestinal Argi (3)

Una Radiografía ayudó, las asas intestinales estaban desplazadas, demasiado juntas en la parte del abdomen más cercana al estómago. Ana Solas vino a hacerle una ecografía. ¿Qué pasaba en el intestino de Argi? ¿Imaginais lo que vimos? Argi se había comido una tela o algo similar, y le obstruía el intestino.

Ante esa situación se puede intentar que con laxantes y fibra la tela salga, en ocasiones hemos visto como perros bien pequeños llegan a defecar calcetines y prendas de ropa que han encontrado suculentas. Argi es un pointer de más de 20 kg. si se había comido unas gasas y un trozo de venda de las curas igual teníamos suerte y lo echaba. Y ese mismo día defecó dos gasas. ¡Qué contentas nos pusimos! ¿Argi se libraría del quirófano?

Por la mañana un jarro de agua fría, Argi vomita de nuevo y en la ecografía de control seguíamos teniendo tela en el intestino, así que como Manoli y Paco querían lo mejor para su perro, y volver a verle contento, decidimos no esperar más y operarle. ¡Menos mal! Una maraña de venda había entrado en el intestino pero todavía estaba enganchada en el estómago, así que teníamos 80 centrímetros de intestino delgado fruncidos y dañados. Con paciencia fuimos cortando trozos de venda y sacándolo, necesitamos 2 horas de cirugía y 5 cortes en el intestino de Argi pero la momia estaba fuera.

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A partir de entonces cada día Argi se encontraba más activo y vital, tres días después fué a casa y este mismo miércoles 27 de Abril le he quitado los puntos.

Gracias a Manoli, Paco y Sheila por confiar en nosotras y seguir todas las indicaciones. Y sobre todo gracias a Argi, que en todo momento se ha dejado cuidar y nos ha dado esta satisfacción tan grande.


Un perro que vomita puede tener pancreatitis

Me acuerdo perfectamente del lunes en que fui a saludar a mi perra Bizi por la mañana y me encontré un montón de vómitos y diarreas por todos los lados. En vez de venir trotando como cada mañana a saludarme moviendo el rabo, tuve que buscarla, y me la encontré en un rincón, quieta, hecha un ovillo… me miró con esa carita y a mí me dio un vuelco el corazón. Algo muy malo tenía que ocurrir para que ni siquiera me moviera el rabo. Enseguida se me pasaron varias causas posibles: habría comido un trozo de plástico o alguna basura (a pesar de que yo la había paseado atada y estando muy atenta para que no comiera nada del suelo), tendría un virus intestinal, una gastroenteritis, pancreatitis, un tumor…Sólo sabía que tanto vómito y diarrea significaba que necesitaba atención veterinaria urgente y yo en casa no podía ayudarla.

La llevé en brazos hasta el coche, en el camino hasta la clínica veterinaria cada vez que pasábamos por un badén se estremecía y cuando llegamos y aparqué, otra vez la cogí en brazos porque no tenía fuerzas ni para caminar. Mientras atravesaba el jardín y la acera notaba su respiración entrecortada y me entraban ganas de llorar.

Mi perra de 17 años estaba muy enferma, tenía vómitos, diarrea, estaba fría y triste, y mi cara debía reflejar toda mi preocupación porque en cuanto entré en la sala de espera mis compañeras corrieron a acondicionar una jaula para que Bizi estuviera cómoda y a preparar una vía y la bomba de infusión para ponerle suero intravenoso.

¿Cómo podemos ayudar a un perro con vómitos y diarrea? Os preguntareis…

Cuando un perro vomita una y otra vez se deshidrata, le baja la glucosa, hay menos líquido dentro de sus venas, le cuesta mantener la temperatura y se queda frío (muchas veces la temperatura baja por debajo de 36 grados, y lo normal para un perro sano son 37,5-39 grados)  Por lo tanto hay que rehidratarle, y para eso ponemos una vía dentro de una vena, la fijamos con venda y esparadrapo, y conectamos el suero a una bomba de infusión(es una máquina que hace que el suero entre justo a la velocidad que necesita el perro según su peso)

Vomitar duele, y cualquiera de las causas de tanto vómito que se me ocurrieran también duelen (un cuerpo extraño que se hubiera comido, gastroenteritis, pancreatitis…). Los perros son muy duros, la mayoría no expresan el dolor gritando. Pero Bizi tenía que tener mucho dolor porque no me había movido el rabo al verme, no quería caminar y su cara estaba muy muy triste. Así que tenía que ponerle analgésicos realmente potentes, familiares de la morfina, y un antiinflamatorio. Sí, eso le haría sentirse mejor, calentita, con suero y sin dolor. Además le pondría fármacos por la vena para que actuaran rápido, un antivomitivo y protectores gástricos para que no vomitara más. Y así me daría tiempo para hacer pruebas y averiguar cuál era la causa de los vómitos y la diarrea.

Le sacamos sangre para analizar y ver si tenía anemia, además era importante saber si los riñones y el hígado estaban funcionando bien. Yo la había desparasitado cada tres meses con una pastilla, pero ¿Y si había bebido de un charco y se había contagiado de Giardias o coccidios? Analizamos las heces también pero no vimos que la causa estuviera allí. Con mucho cuidado porque le dolía al moverse, le hicimos una radiografía. Hacía 6 meses un domingo no quería pasear y la causa fué una dilatación de estómago, pero en esta ocasión el estómago tenía su tamaño normal. Sólo encontramos los glóbulos blancos altos, eso indicaba una inflamación o infección en algún lugar del abdomen ¿Dentro del intestino? ¿En el estómago? ¿El hígado? ¿Sería una pancreatitis? ¿Tendría una piedra en un uréter y estaba teniendo un cólico?

¿Tendríamos que operar? ¿O se podría bien con la medicación? ¿Necesitaba algún fármaco más? Para tener todas esas respuestas faltaba todavía una prueba más, una ecografía nos ayudaría y yo quería que la realizara alguien de confianza y con experiencia.

Llamamos a Ana Solas y salimos de dudas: el páncreas de mi perra estaba inflamado, mucho, y la grasa de alrededor aparecía más blanca en contraste con el páncreas. La ecografía no dejaba dudas, Bizi tenía una pancreatitis. Por lo menos se libraba de ir al quirófano…sólo quedaba esperar a que ese páncreas de 17 años tuviera capacidad de regenerarse y desinflamarse.

El tratamiento no cambiaba mucho: suero, analgésicos, protectores gástricos… y antibiótico para mantener controladas a las bacterias del intestino.

Atrás quedaron los tiempos en que los perros con pancreatitis eran sometidos a ayunos prolongados, cuando en realidad en esta situación Bizi necesita comer, aunque sean pequeñas cantidades de una dieta baja en grasa para reponerse. Así que cada 3-4 horas le ofrecímos las latas más ricas de la clínica. ¡Qué mal se pasa cuando tu perro no quiere comer! Pero si ella siempre había sido muy tragona… Así que estuvimos más de un día ofreciendo comida, calentita, con la mano, sentadas en el suelo con ella… hasta que quiso empezar a chupar un poco de lata. Cuando comprobamos que le sentaba bien y que no la vomitaba empezamos a pensar: ¡va a superar esta crisis, lo va a hacer!, y así fue.  Cada día mejoró un poquito más, el jueves por la tarde ya ladraba, y el viernes volvió a casa.

Os dejo una foto de mi perra, a las 24 horas del ingreso, con Maite (nuestra veterinaria en prácticas de  Verano) Como resumen os diré que las causas para que un perro vomite, tenga diarrea, esté triste y no quiera comer son muchas. La pancreatitis es una de las causas de vómitos en el perro, que se puede superar con suero, analgésicos y alimentación baja en grasa siempre administrada en pequeñas cantidades y de forma frecuente. Si te os veis en una situación  parecida a ésta lo mejor es que visitéis inmediatamente a vuestro veterinario de confianza para descartar cualquier complicación. Pero además yo estoy convencida de que Bizi salió adelante porque Gabi, Nagore, Goiatz, Amaia, Oiane y Maite la cuidaron con mucho mucho cariño.

Y el próximo día os contaré otra historia de otro de mis niños.